miércoles, 12 de agosto de 2009

Golpe en Honduras: prueba piloto del imperialismo

Escribe: Rubén Tzanoff

Desde que Zelaya hizo base en Nicaragua cerca de la frontera de su país, no hubo cambios estratégicos en las trincheras. Zelaya se está dedicando a organizar lo que dio en llamar un “ejército popular pacífico”. Aunque mantiene expectativas en la intervención de EE.UU. también afirmó: “Los pueblos tienen derecho a la protesta, a la insurrección, tal es el caso del pueblo hondureño, que está siendo reprimido brutalmente” Por su parte Micheletti justifica el golpe “Porque rescatamos al país del autoritarismo”. El empresariado argumenta que se le puso un dique al “intervencionismo de Chávez.” El régimen de facto sustenta sus afirmaciones intentando apagar las protestas con represión sobre la población en general y sobre los dirigentes en particular. Mientras tanto siguen los paros, las movilizaciones y los cortes de ruta que tienen entre sus impulsores al Frente Nacional de Resistencia.El imperialismo sigue presionando para que las partes acepten el Acuerdo de San José con la mediación de Arias y, cínicamente, les da aire a los golpistas de Micheletti. Como una muestra del agravamiento de las tensiones en la región, Chávez habla de una posible guerra, hay un debate sobre la utilización de bases yanquis en Colombia y Rafael Correa, presidente de Ecuador, denunció que hay sectores que lo quieren desestabilizar “Después de Zelaya, el próximo soy yo” afirmó. El golpe no está consolidado. Hay una dura pelea en curso y con la movilización se puede ganar.
Un conflicto enmarcado en la nueva etapa de crisis capitalista
Aunque el enfrentamiento aún tiene una dinámica incierta, hay que analizar la situación de Honduras a partir de un contexto general. Con la crisis capitalista iniciada en Estados Unidos y desparramada por el planeta se abrió una nueva etapa con enfrentamientos y polarización crecientes, que generará grandes luchas y revoluciones. Es una pelea en la que el imperialismo y la burguesía van a intentar recomponer el sistema, recrear nuevas mentiras políticas e ideológicas a escala mundial, van a pelear a brazo partido para que el sistema no desaparezca y los pueblos pobres paguen los costos de la crisis. La cuestión es que lo van a tener que hacer en peores condiciones que en la etapa anterior. Aunque lo intentan, no logran derrotar en forma definitiva a los trabajadores y pueblos del mundo que siguen luchando.
Obama, sonriente imperialismo
La asunción de Obama fue tomada con simpatía por amplios sectores que lo ven distinto a Bush. ¿Hay algo distinto? ¿Qué es? Los republicanos se caracterizaron por desarrollar una política exterior agresiva, cubierta por el escudo de los ataques preventivos para “defenderse del terrorismo”. Con Bush, dominó el “garrote”, como en la invasión a Irak y Afganistán.Obama está delineando un “nuevo perfil”. Nuevo con relación a Bush, viejo con relación a mantener la dominación imperialista. Expresó signos de distensión con Cuba. Pero mantiene el bloqueo. Dijo que había que retirarse de Irak. Pero no se fue y fortaleció la invasión a Afganistán. Volvió a acercarse a China para que sigan comprando bonos de la deuda. También le pidió ayuda a la burocracia para “encausar” a Corea del Norte e Irán. Y está desarrollando una prueba piloto en Honduras. Los yanquis fueron participes del golpe. La cuestión es que a diferencia de otras épocas no tienen ninguna condición política de sostenerlo abiertamente. Ahora apelan a la negociación para darle tiempo de consolidación al régimen e intentar que se desgaste la resistencia. Incluso, hay funcionarios de la Casa Blanca que ya dejaron de calificar de golpe lo ocurrido en Honduras y ponen el acento en las supuestas violaciones de la Constitución por parte de Zelaya. El militarismo de Bush, dio paso a la política de la zanahoria (entendida como la negociación), mientras preparan el garrote imperialista para ir contra Venezuela y el ALBA. Esta política empalma con la intención de Obama de responder a la situación mundial a partir de la debilidad con que el amo del mundo enfrenta la nueva etapa. No quiere aparecer como el arrogante imperialismo interviniendo, por eso dice cínicamente: “Estados Unidos no pretende dictar lo que sucede con nuestros vecinos”. Sin embargo, tampoco quiere dejar la imagen que le tiembla el pulso o no puede resolver el problema de Honduras, ya que ello lo debilitaría para enfrentar a Irán, Irak, Afganistán, Corea, etc. Más allá de lo que declare, Obama quiere sostener como sea la hegemonía del imperialismo yanqui a nivel mundial.
Colombia. Punto aparte
A partir de la negativa de Ecuador a renovar el permiso a EE.UU. para utilizar la base de Manta, Obama está tejiendo un acuerdo con Uribe para utilizar entre tres y siete bases militares colombianas supuestamente para combatir los “narcos” y “terroristas”, ampliando el Plan Colombia de Bush. La mentira es tan burda que el presidente colombiano Uribe tuvo que salir de gira para aplacar los ánimos de los principales gobiernos latinoamericanos, pretendiendo hacerles creer que los marines “sólo” van a usar las bases sin comandarlas. Es vergonzoso el cinismo de algunos presidentes que se excusan en respetar la soberanía colombiana para dejar correr la presencia yanqui a cambio de no se sabe que “garantías.” Es la política que expresaron en la reunión de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas). No se pronunciaron contra las bases imperialistas y, tanto Lula como Cristina, se juegan a sentar a los agresores Obama y Uribe con los mandatarios que los enfrentan para negociar un acuerdo. Pasan las administraciones norteamericanas, quedan las orientaciones estratégicas. En América Latina quieren erigir una Colombia Gendarme contra Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Hay que impedir que el imperialismo fortalezca una punta de lanza contrarrevolucionaria en el continente. Un objetivo claro: frenar la revolución latinoamericanaAño tras año los yanquis vieron como los pueblos del continente se fueron levantando contra sus intereses, nacionalizando recursos naturales, logrando conquistas democráticas y enfrentando a los poderosos. Así, aunque con grandes contradicciones, fueron surgiendo países independientes del imperialismo. Esto se fue plasmando en las Asambleas Constituyentes de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Honduras iba por este camino. El golpe intenta evitar la realización de más Constituyentes basadas en la movilización popular.Al mismo tiempo, busca detener la simpatía continental con los procesos revolucionarios y el ALBA, dando una señal violenta contra el avance de los cambios. El imperialismo “tiene los pelos de punta” ante procesos que se escapan de su control directo y de los cuales surgen países independientes, aunque sigan en la órbita capitalista.
El golpe no está consolidado
No se puede desconocer que el golpe en Venezuela duró 48 horas, mientras que los reaccionarios bolivianos no llegaron ni a derrocar a Evo Morales, mientras que en Honduras lleva más de un mes de duración.Sin embargo, esta es sólo una cara de la realidad. La otra cara indica que el golpe sigue sufriendo un repudio total y el aislamiento internacional, contando sólo con el apoyo explícito del Estado racista de Israel.Y, lo fundamental, hay una lucha heroica de los trabajadores y el pueblo hondureños que tiene una de sus expresiones en el Frente Nacional de Resistencia. Hay cortes de ruta, movilizacio-nes, enfrentamientos callejeros, huelgas generales, repudios y acciones políticas cotidianas que no le dan respiro al régimen de facto.Hay una pelea en curso y una creciente polarización que presagia un agravamiento de la crisis si se mantiene el fracaso del plan negociador. El golpe no está consolidado y se lo puede derrotar.Viva la lucha del pueblo hondureño Aunque no significaban cambios de fondo para terminar con la pobreza, al imperialismo y a los poderosos hondureños les molestaban las medidas de Zelaya. El presidente derrocado rechazó la idea del Pentágono y del general Vásquez de construir una nueva base militar yanqui en la costa de Honduras planteando hacer de Palmerola un aeropuerto civil; rompió con el Partido Liberal; aumentó el salario de empleados públicos y promovió el de los privados, redujo el precio de los combustibles al integrar a Honduras a Petrocaribe contra Texaco y Esso Standard Oil; se opuso a una ley minera que otorgaba licencias a Gold Corp y American Pacific y tomó otras medidas que lo fueron acercando a los sectores populares hasta adherir al ALBA y hacer una consulta por una Asamblea Constituyente. Estos hechos llevaron a los golpistas a sacarlo del poder. Sin embargo, Zelaya despliega una política plagada de vaivenes: un día llama a la insurrección y al otro a confiar en la política imperialista de Hillary Clinton, Obama y el plan Arias, que lo obligaría a amnistiar a los golpistas, a formar un gobierno con ellos y a abstenerse de llamar a una Asamblea Constituyente.Nosotros no compartimos ni la política ni el proyecto de Zelaya, que él mismo define de centroizquierda ya que estamos por un cambio de fondo para Honduras que implica una salida socialista. Aún así apoyamos las luchas por su restitución. Más allá de este reclamo, nuestra confianza está depositada en la movilización de los trabajadores y el pueblo hondureño y su organización para la autodefensa, en la movilización de los pueblos venezolano, ecuatoriano, boliviano, nicaragüense, cubano y continental.Los trabajadores y los pueblos de Latinoamérica tenemos que impulsar la más amplia unidad de acción para derrotar a Micheletti y a los yanquis. Desde el MST-Nueva Izquierda estamos al servicio de esta lucha.

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